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El ciclo de valor

Es importante ser feliz y sabemos que el dinero es una herramienta para ello. Gastar en tu felicidad no es tan sencillo, pero nosotros vamos a explicarte cómo lograr esa sensación de compras felices sin sentir que gastaste en babosadas.

Carl Richards, columnista del New York Times, cuenta cómo se moría de ganas de comprar una bicicleta. Sin embargo, esta bicicleta le costaría alrededor de $5,000 USD, lo que le provocaba pesadillas financieras. Después de todo, comprar una bicicleta de cinco mil dólares no suena como una buena manera de administrar el dinero. Pero Richards lo hizo, y compró su valiosa bicicleta.

Richards gastó $5,000 usd en una bicicleta…¿Por qué funcionó?

Lo que más miedo le daba a Richards era sentir culpa por haber gastado tanto dinero, eso lo detuvo un buen tiempo antes de decidirse por adquirirla. ¿Por qué no fue una decisión tan descabellada? El autor explica que amaba la bicicleta (le traía recuerdos de su infancia), que la bicicleta duraría mucho más que cinco bicicletas comunes y que aún cuando dejara de ser funcional, sería una hermosa pieza decorativa.




Ok, esas fotos no son de la bici que compró Richards, pero ilustran el ejemplo. Lo que vivió el columnista del New York Times lo llamamos “el ciclo de valor” y con él vamos a entender cómo algunas compras que parecen ser caprichos por su costo alto, pueden llegar a ser algo positivo para tu vida.

El ciclo de valor

Me gusta

Ves el producto. El producto que quieres comprar es algo que te apasiona y te define. No es una hamburguesa, o una salida al cine. No es un capricho más.

Me cuesta

¿Ya viste el precio?, no se trata de algo barato. Sabes que si lo compras vas a tener que comer taquitos de frijol un buen tiempo para librarla y llegar a fin de mes. Además, las cosas necesitan mantenimiento…empiezas a dudar.

¡Me encanta!

Lo asumes, este producto te produce amor como aquella primera vez que sentiste mariposas en el estómago. Y aunque te va a costar un ojo de la cara, lo piensas muy bien y haces números para definir que comprarlo es una buena decisión. No sólo porque el producto es algo de calidad (y es por ello que tiene el precio elevado), sino también porque te encanta tanto que estás convencido que te hará feliz.

Lo uso.

Ya lo tienes, es tuyo. Te encanta y lo usas con frecuencia, te das cuenta de que ese costo elevado valió toda la pena porque agrega valor a cada día de tu vida. No pasa por tu mente el conseguir un reemplazo cuando llegan nuevos modelos o sustitutos del mismo producto. En verdad le estás sacando provecho y te ha hecho un poquito más feliz.

Por eso, te recordamos que:

Las cosas no siempre valen lo que cuestan.

 

El valor de las cosas no es el dinero que costó, sino una suma de elementos (incluso cosas de lo más subjetivas) que hacen que cierto objeto se distinga del resto. Puede ser por cuestiones de calidad, o por sentimientos que están vinculados con ese objeto (como el regalo de tu ex).

Sabes que compraste algo de valor cuando no estás dispuesto a cambiarlo.

Hiciste una buena compra cuando, en lugar de querer actualizar o cambiar tu producto después de un tiempo, prefieres conservarlo y funciona por mucho tiempo. El hecho de que prefieras quedarte con el objeto que adquiriste habla del valor que ese objeto tiene para ti.  Busca comprar cosas que no estés dispuesto a dejar.

La calidad es una inversión inteligente.

Si inviertes en cosas que garantizan durabilidad por estar hechas con precisión y cuidado, también estarás asegurando tu dinero. Si el objeto dura, no tendrás que comprar un reemplazo. El invertir en calidad hace que tu dinero rinda y evitas los gastos de reemplazar un producto deficiente (de ahí que tu mamá te diga que lo barato sale caro). Comprar barato no siempre es lo mejor, en especial si se trata de algo que te encanta.

Hay que ser feliz.

A la larga, debemos de buscar cosas que nos hagan felices por tiempos prolongados. Quizá sean cosas absurdas o poco prácticas. Nadie más que tú estaría dispuesto a gastar esa cantidad de dinero en algo así. Pero sabes que te hace feliz, que es una buena compra, que el producto es valioso. Cuando compras algo que tiene en verdad un valor agregado para ti, no estás gastando, estás invirtiendo en tu felicidad.

Cuando adquieres un producto valioso y que representa una fuerte salida de dinero, estás adquiriendo un compromiso; es como si te estuvieras “casando” con el producto. Y como cualquier matrimonio, si las cosas fueron bien pensadas, es muy probable que valga la pena comprometerse.

Artículo basado en: The Financial Benefits of Buying What You Love del New York Times

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