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21 pistas de que eres un adulto.

¡Bienvenido a la adultez!

Espera, ¿no sabes si ya estás ahí? Ser adulto no es una etapa tan bien definida como la adolescencia o la vejez. Tal vez es porque no sabemos si depende de la edad, de la madurez, de tus metas o si es un mix de todo. Así que decidimos darte 21 pistas para comprobar si ya estás en la banca de los grandes o si aún estás en la cancha de los jóvenes haciendo desmadres.

“Enjoy yourself. That’s what your 20s are for. Your 30s are to learn the lessons; your 40s are to pay for the drinks” – Carrie Bradshaw, Sex and the City

1.- Sabes que “Hacienda” no es un rancho.


¿Recuerdas cuando los adultos hablaban sobre “un mundo real más allá de casa o la escuela”? Se referían al mundo de los impuestos: el golpe con guante blanco, la cubeta con agua fría, la pared donde te vas a topar. Pagar impuestos es el número uno en la lista porque es dinero que el gobierno toma de tu trabajo (así es, de tu trabajo) para solventar los gastos de todos. Puedes quejarte, pero es mejor que aprendas a calcular tus impuestos, organizar tus facturas, realizar tus declaraciones a tiempo. Es una cuestión de organización y responsabilidad que todo adulto hace.

2.- Sigues un presupuesto.

Presupuesto
Ya te cayó el veinte: el dinero no crece en árboles. Ahora sabes el valor de cada peso, por ello destinas porcentajes de tu salario a cubrir necesidades básicas, gastos fijos y
(si sigues los tips de Querido Dinero) también ahorras. Puede que sientas la presión de vivir con poco, pero sabes que eso ya es tuyo y esta satisfacción…es inmensa.

3.- Tienes algunas recetas bajo la manga.


Tal vez no te preparas de comer 3 veces al día, pero cuando te dedicas a cocinar, te sabes algunos trucos desconocidos. Parte importante de la adultez es entenderle a la cocina y poder prepararte buenos platillos que parecen “de autor”.

4.- Sabes lo que comes.


Si ya eres de esas personas que evitan el pan, la grasa, el azúcar o cualquier cosa en exceso, podrías ser un adulto. Se trata de saber qué es lo que ingieres, conocer las propiedades de cada alimento, leer las etiquetas de la comida, etc.

5.- Eres responsable de ti mismo.


Lavar tu ropa, hacer de comer, hacer el súper, limpiar tu cuarto, cambiar los fusibles, comprar tus medicinas, ir al doctor, comprar un termómetro, apapacharte cuando estás enfermo… todo esto y más depende completamente de ti.

6.- Eres responsable de alguien más.

Ya sea que tengas una mascota, una planta o una familia, ahora eres la persona de quien otros dependen económicamente. Seguramente esto influye muchísimo en las decisiones que tomas, ya que tus acciones no te impactan solo a ti, sino a alguien más.

7.- Tienes tu propio espacio para vivir.


La casa de tu niñez comienza a sentirse sin la personalidad y el
look de tu estilo de vida. Vivir por tu cuenta conlleva responsabilidades, pero también te da la libertad de hacer tu espacio como tú quieres, plantear tu propia dinámica del día a día y construir poco a poco un patrimonio.

8.- Entiendes el valor de las horas de sueño.


Recuperarte de la fiesta ya no es lo mismo que antes, incluso es más atractivo ver un documental, una película o pasear tranquilamente por el parque antes de dormir. Tus horas de sueño son sagradas, o al menos, sabes que son importantes para rendir al siguiente día.

9.- Redefines tus fines.


Tus semanas ya no son para planear tus fines de semana…los fines de semana ahora son para planear. 

Cuando eras adolescente, decir que “no” a una invitación podía excluirte socialmente (¡uy, qué miedo!) Como adulto, ¿qué diablos importa? Sabes que tienes que seguir tu camino, ir tras tus metas, ser tu mismo. En ese camino, los amigos verdaderos permanecen.

10.- Empiezas a decir “cuando seas grande”.


Tienes una perspectiva más completa de las implicaciones de vivir. Ahora tú eres quien dice a los jóvenes:  “cuando seas grande, entenderás”. Platicas con tus compañeros o tus papás de “las generaciones de ahora” y hablas de cómo cuando tú creciste era muy diferente.

11.- No hay vacaciones cada semestre.


Adiós a las vacaciones calendarizadas. Hola a juntar días vacacionales (y pedir permiso a tu jefe de dejar la chamba por una semana). Incluso aprovechas ese par de días “de enfermedad” para poder extender tu escapada a la playa.

12.- Te hablan de “usted”.


En la gasolinera, en el pasillo del súper. Cuando te hablan de “usted”, algo en tu interior está obligado a subir un escalón hacia la adultez.

13.- Escuchas música que no está de moda.


Por más que Spotify te presente música nueva, de vez en cuando te das cuenta que lo que escuchas no es está de moda… además empiezas a apreciar la música que no es necesariamente de tu época.

14.- Tienes un gran acervo de correos.


Si imprimieras todos los correos que has enviado y recibido en el trabajo y los pusieras uno al lado de otro, podrías llevarlos a través del Atlántico hasta Francia o por el Pacífico hasta Japón.

15.- Sabes vestir para cada ocasión.


Entiendes que tu
hoodie no es bienvenida en todas partes. Sabes escoger tu bra o sabes hacer el nudo de la corbata sin ver videos en youtube. Tienes ropa para cada ocasión, ya sea la playa, el gimnasio, una junta de negocios o un funeral.

16.- Tu cuerpo empieza a sufrir por falta de movimiento.


Ya no corres como antes… es más, ni siquiera te levantas igual. Tu cuerpo empieza a sufrir porque pasas la mayor parte del día en una silla.

17.- Puedes cuidar de tu vehículo.


Si se poncha una llanta, la cambias. Si está bajo el aceite, lo llenas. Si ya viene el frío, agregas anticongelante. Si vas a manejar, tienes un seguro. Los vehículos de transporte diario nos pueden dar mucha satisfacción y también mucha lata. Un adulto de verdad sabe sobre los mantenimientos, los seguros, las tenencias y las emergencias.

18.- Sabes distinguir entre lujos y necesidades.


Sabes que no es necesario gastar todos los días en el Starbucks o tener todos los
gadgets del momento. Las cosas que antes no parecían ser un gran gasto ahora son oportunidades para ahorrar y dedicar ese dinero a mejores propósitos.

19.- Descubres que una silla puede ser sexy.


Si Ikea estuviera en tu ciudad, podrías vivir allí. Cuando eres adulto te das cuenta de que el mobiliario de tu hogar es importante, te emocionas por comprar una silla de diseñador, un nuevo refrigerador o una cafetera con despertador.

20.- La palabra “deuda” adquiere nuevos significados.


No se trata de deberle a la señora de la esquina o a alguien que le dijiste “te la debo”. Sabes que las deudas son cosas que debes pagar y que estás perdiéndole por intereses. Pero también entiendes que una deuda puede ser buena para comprar un activo, para invertir, o para los gastos comunes como un coche o una vivienda.

21.- Quieres predecir tu futuro.


Tienes la capacidad y la costumbre de pensar que será de ti en los siguientes años y proyectar tu vida a 5, 10 y 15 años. Esto incluye metas financieras, personales, profesionales, etc.

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