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Traté de vivir con el salario mínimo

En una conversación de café y leyendo nuestro artículo sobre vivir un año sin gastar, se nos ocurrió hacer un experimento para ver qué tan real es vivir de la forma más austera posible.

El reto: sobrevivir una quincena con el salario mínimo.

Esto suena imposible de lograr, entonces con fines de este experimento muy poco científico, decidí inventarme mis propias reglas para el reto. Desafortunadamente, no todos mis gastos fijos pudieron entrar en el experimento ya que sólo pagando la renta se me acabaría mi presupuesto y este artículo no existiría.

Tomando esto en cuenta, decidí fijar estas reglas:

  1. No se vale pedir dinero prestado.
  2. Se vale vender cosas.
  3. Hay un presupuesto de $80 pesos diarios, pero no se tienen que gastar en un mismo día.

Según Milenio, para el 2017 el 13.11% de las personas económicamente activas en nuestro país ganan el salario mínimo. Esto significa que más de 6 millones de personas viven con 80.04 pesos diarios.

Suena muy complicado pero, como motivación personal, si cumplo el experimento pagaré por completo la deuda que tengo en mi tarjeta de crédito. ¡A darle!

Bitácora de la vida con salario mínimo.

Día previo (Gasto: $148)

Para que esto funcione tengo que prepararme. Antes de empezar me di un lujito y fui a almorzar chilaquiles a un restaurante con mis amigos, nada más para despedirme del despilfarro. También aproveché para que mis amigos, más versados que yo en eso de no gastar, me dieran un tour por el Mesón Estrella, una central de abastos en el centro de Monterrey, en donde, decían, me iba a ahorrar una fortuna en comida.

Tenían razón, con sólo 118 pesos logré comprar una cantidad bastante sustanciosa de vegetales. Como estrategia, decidí adquirir frutas y verduras que pudiesen complementar ingredientes que tuviera “atorados” en el refrigerador, como tomate para preparar salsas y nopales.

Sí, soy medio vivo, y me aproveché de que en las reglas no pusimos nada sobre sacar ventaja de lo que ya se tuviera en la alacena (jejeje). Mi descubrimiento de la noche fue que los frijoles precocidos en bolsita son más baratos y más fáciles de preparar que el frijol en grano. Medio ilógica la cosa. 

Día 1 (Gasto: $43.7)

Ya empezamos con las fallas. Estoy algo grumpy, de mal humor. Normalmente compro algún antojo que me ayude a estirar el estómago hasta llegar a casa, me da mucha hambre. Mi almuerzo fue cereal (tuve que comprar leche a 15.50, el cereal lo tenía en la alacena), comí una crema de calabaza hecha con ingredientes del Mesón Estrella y un filete de pescado (que tenía algunas semanas congelado), mi cena fue modesta: dos vasos de leche.

Mi logro de hoy fue descubrir que puedo, en lugar de tomar cuatro camiones al día, tomar tres. De ida a mi trabajo tengo que tomar dos, y, por las rutas de transporte, es posible que al regresar tome sólo un camión y camine por quince o veinte minutos. Lo vale, me ahorro seis pesos y de paso hago algo de ejercicio.

Día 2 (Gasto: $130)

¡Se me olvidó mi lunch! Mi pepino en rodajas… Tuve que recurrir a comprar algo en la cafetería. Busqué la opción más barata, y por un momento pensé en reiniciar el experimento (¿qué son dos días?) al final decidí comprar unos molletes sobrevaluados a 23 pesos.

Es el lunch más triste de mi vida, sabe a fracaso, pero aún puedo sortear esto. El ahorro de los camiones era algo que no había contemplado y que seguro me permite un resbalón como este. Es una lástima que mis gastos estén tan ajustados :(

Me di cuenta de que el pepino no daría para mucho, así que compré mayonesa, pan, jamón, y más leche. El total del súper no planeado fue de 77 pesos. Siento que me está llevando la fregada.

Dia 3 (Gasto: $30)

Hoy lo logré. Hoy no tuve ningún gasto fuera de mi planeación. Sólo tuve que pagar los 30 pesos diarios del transporte. Entre tanta derrota al inicio, esto es una buena señal. Me da ánimo de seguir adelante. Aunque me duele la cabeza, y creo que es por no comer bien, o por no comer igual.

Antes de este experimento, me comía una hamburguesa de una famosa cadena multinacional a la semana. He renunciado a ella. La extraño. Me daba mucha energía. Siento que la necesito y me hace sentir un poquito miserable el no tenerla conmigo.

Día 4 (Gasto: $30)

Hoy hubo junta en el trabajo y trajeron comida. De una forma muy discreta me atraganté. Los vegetales que comí no me dan la grasa a la que estoy acostumbrado, y los panecitos dulces que trajeron eran demasiado buenos como para dejarlos pasar.

He desarrollado una nueva estrategia para sobrevivir en el trabajo (y espero que esto no lo lean mis jefes). Ya que el café es una prestación gratuita, aumenté mi consumo de una a tres tazas para poder aguantar todo el día con más energía. Aún así siento una ausencia terrible al no gastar, seguro es síndrome de abstinencia, el cambio de un estilo de vida a otro fue muy abrupto.

Día 5, 6 y 7 (Gasto: $30 pesos DIARIOS)

El mal humor sigue. Tuve que rechazar una ida al cine, porque normalmente yo soy el que paga. Decidieron no invitarme. Afortunadamente me he hecho de muchos libros (mi hobby es comprar libros viejos) y tengo entretenimiento para largo rato. ¿Quién necesita amigos así?, ¿quién necesita el alcohol?, ¿quién necesita dinero para divertirse?

Día 8 (Gasto: $170 pesos)

Decidí repetir la fórmula. Siempre he sido una persona con muy poca creatividad a hora de armar los menús. Aunque para estas alturas ya lo solucioné, y decidí pedir recetas con ingredientes baratos a mis compañeros de trabajo. La próxima semana será. No debería gastar más de $150 pesos para que esto funcione, pero estoy esperando que lo que ahorré de camiones por mi nueva estrategia sirva de algo.

Sigo sintiéndome de mal humor, parece un estado constante. Me pregunto si es algo común, en esas 6 millones de personas, el estar de mal humor. Eso explicaría muchos de nuestros problemas.

Día 9 (Gasto: $30 pesos)

Desperté con ganas de comer pizza, después me vi al espejo y me di cuenta que estaba lleno de granos y que ya parecía una pizza. Creo que es una mezcla de la leche (antes del experimento no la tomaba tan seguido) y el estrés. Mi estado de ánimo empeoró bastante. Ya expliqué que estoy en un experimento en mi trabajo, tratando de justificar mi mal humor. Todos entendieron, pero de unos días para acá mantienen su distancia. Mi mamá me mandó una docena de tamales, y me sacó del apuro de mi vida; deliciosos tamales, la comida es el mejor regalo.

Día 10 (Gasto: $30 pesos)

Decidí dejar la leche por mi bien, aunque sigo con un consumo elevado de café. Ya hasta me tiembla el ojo, fuera de bromas. Una receta que me ha salvado mucho, porque me encanta, es la sopa de nopal. Es deliciosa, pero parece brebaje de bruja medieval. Aun no me canso y la he comido casi a diario. Ya estoy viendo nopales en todos lados; agradezco la hospitalidad de las sopas, no sé, el comerla me hace sentir querido. Ya casi no extraño las hamburguesas, aunque recuerdo que son deliciosas.

Encontré que no todas las buenas recetas cuestan una fortuna. Aprovechamos para recordarte algunas recetas de Alta Cocina y Bajo Presupuesto.

Día 11 (Gasto: $30 pesos)

Después de casi dos semanas de dolor y estrés, creo que me siento mejor. Es muy difícil decirlo. Pero sí, estoy seguro, me siento mejor. Siento una templanza inigualable. Aunque suene medio pretencioso, siento que:

Renunciar a esos gastos me ha puesto más allá del mundo de los consumidores. Me siento muy Zen. No sé cuánto me vaya a durar este ánimo de monje japonés, pero mientras dure, a disfrutarlo.

Día 12

Fracasé. Es bien difícil admitirlo, pero los números ya no dan. Hoy tuve que hacer un gasto de $350 pesos que no había contemplado y que es imprescindible. Olvidé que la ropa se tiene que lavar…

Me propuse varias soluciones: hervir jabón, invertir en un tallador, usar mi ropa con una quincena de suciedad hasta que termine el experimento; pero el golpe más fuerte es el saber que fallé desde el principio al no haberlo contemplado en mi plan de gastos.

Ya llevé mi ropa completa a la lavandería, y también, para coronar mi derrota y reparar mi moral rota, fui a comprarme una de esas hamburguesas, lo cual son $128 pesos más.

Perdí, amigos. Me siento mal por no haber durado toda la quincena, pero feliz porque ésta terminó, y la deuda de mi tarjeta de crédito bajó considerablemente.

Día 13

Amanece, y es el primer día después de mi fracaso. Hoy me siento mal, pero no tanto como ayer. Admito que, después de todo, no está tan mal el haber perdido y me animé a seguir el experimento por mi cuenta, ahorrando en medida de lo posible pero sin el golpe de cambio de hábitos.

Me siento muy conforme con lo que logré. Como enseñanza general, sé que aunque haya perdido el reto, cada día es una nueva oportunidad para cumplir mi meta de ahorros. Este ejercicio me deja claro que los hábitos y la planeación son básicos.

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