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Qué es el dinero

Recuerdo desde precoz edad que el dinero formaba parte de la vida de todos. Especialmente de la mía, cuando quería algún juguete -de esos que permitían hacer experimentos con materiales venenosos- y volteaba a ver a alguno de mis padres con ojos de perrito y me decían que costaba mucho dinero. En ese entonces, yo entendía que “dinero” eran esos billetes con señores y señoras retratados (que después iría conociendo en la escuela) y claro, las monedas con las que me gustaba jugar rayuela.

Con el tiempo me puse a considerar porqué algunos aceptaban los billetes que mis papás tenían y no los del juego de mesa que tanto trabajo me costaba ganar, y también cómo era posible que aquellas monedas de plata ya no fueran de curso legal, es decir, válidas.

Supuse que alguna historia tendría el dinero y sí, claro que la tiene. Hay que empezar por saber qué es. El dinero es algo que los demás aceptan porque le tienen confianza. Confianza de que si lo aceptan, lo pueden cambiar por otra cosa más adelante.

Por lo tanto el dinero y las cosas se intercambian y ¡voilá!: el dinero es un medio de cambio que todos aceptamos. Si no, no es dinero. Claro, éste tiene que significar algo para quien lo recibe: el billetito con la cara de Benito no tiene mucho sentido en África, ni tampoco la monedita ésa con Atila, de Mongolia.

El dinero sustituyó al trueque por su impracticidad. Imaginen, una persona quería cambiar doce vacas por muchísimas zanahorias, pero el productor de zanahorias no quería sus animales, ¡quería cientos de tomates! (calma, podía haber querido chicozapote prieto…). Lo mejor era intercambiar a través de algún medio al cual todos estuvieran de acuerdo en asignarle valor. Y aquí está el chiste. En que todos estén de acuerdo en que tenga valor para todos…o casi todos.

El oro fue un buen comienzo. Como era dorado (lo sé, lo sigue siendo… claro, siempre y cuando no lo mezcles para darlo en anillo de compromiso) era fácilmente identificable y además, desde entonces ha sido lo suficientemente escaso para tener cierto valor y lo suficientemente frecuente para poder encontrarlo, así que fue una alternativa ideal.

¿Y por qué no utilizar otros metales, como los metales grises o la plata? Porque podían confundirse fácilmente por el ojo que no estuviera bien entrenado, y la costumbre de morder las monedas de oro para validar su autenticidad proviene de la maleabilidad de ese metal. Así, si no era oro, seguro te rompías alegremente el diente.

Después se vio que el oro y otros metales no eran suficientes para cubrir toda la actividad económica. De ahí que se propusiese que sólo se aceptara el dinero como un medio de cambio fundamentado en la confianza, y si nos fijamos, cada vez que se hace una transacción electrónica, o firmamos con la tarjeta de crédito, lo que va por los cables no son chorros de billetes: son simplemente datos que se suman a un balance y se restan de otro.

El dinero se maneja a través de un sistema contable y electrónico fundamentado en leyes, mismas que son de alcance internacional.

Así que cuando se ve un estado de cuenta, en realidad no hay dinero, sino un reflejo de lo que contablemente te dicen que te debe tu banco, porque te lo debe, no es que tu dinero esté necesariamente guardado en una cajota; o también, cuánto valen tus inversiones según la opinión de un agente valuador contratado por una casa de bolsa. Tu dinero sólo es dinero cuando lo materializas y eso no siempre es buena idea.

El dinero pierde valor con el paso del tiempo. No por hacerse viejito, sino porque al poder imprimirse más papel, las cosas que compraba valen más para compensar la diferencia que exista. Así que más vale invertirlo para que cuando vuelva a ser dinero, te sirva para cambiarlo por alguna cosa… como una casa, un coche, tu universidad o en lo que te dé la gana.

¿Cómo ven? Muy diferente a la idea de mi infancia, ¿no?

Saludos y nos vemos en otra explosión de tinta.
Atentamente,
El Kraken.

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