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La tía más coda (e inteligente) del mundo.

Tengo una relación muy especial con mi tía, he sufrido y disfrutado muchas cosas con ella. Me ha enseñado cosas de la vida, pero sobre todo, me ha enseñado sobre dinero.

Recuerdo que cuando era niño, para mí, ella era un enigma, algo que no podía descifrar del todo. Su trabajo era mejor pagado que el de mis padres y viajaba mucho…me quedó claro desde pequeño que era una mujer con ambición, que quería conocer el mundo…y lo hizo. Sin embargo, cuando viajamos juntos, me parecía que era la más ahorradora, a veces hasta pecaba de tacaña.

Parecía que le daba más satisfacción encontrar una oferta del 80%, que obtener el producto que estaba comprando.

A veces compraba costales de comida, frutas o verduras en otras ciudades, pues el precio comparativo de lo que costaba en casa era muy diferente. Hablaba más de “lo que ahorraba” que de lo que compraba, es hasta divertido escucharla pues lo cuenta con mucha pasión…sin duda alguna, era experta una cazadora de ofertas.

Me llamaba mucho la atención que, a pesar de que le iba muy bien en su trabajo, siempre ponía toda su atención en el precio y en lograr el mayor ahorro posible. De chico me parecía hasta ridículo…¿por qué habría de limitarse a disfrutar una comida costosa, si le iba tan bien? Ella prefería ir a comer a lugares con las famosas 3 B’s: buenos, bonitos y baratos…y vaya que los tenía ubicados en cada ciudad que visitaba.

Conforme fui creciendo, entendí cada vez más el porqué mi tía hacía eso.

Su objetivo era viajar por el mundo sin comprometer una estabilidad financiera, de modo que viajaba con un presupuesto bajo. No sabe otro idioma aparte del español, pero se ha comunicado en docenas de países, siempre pidiendo ofertas y consiguiendo los mejores precios…únicamente utilizando señas y gestos. Creo que ella es mejor negociando un precio sin hablar, que yo utilizando las palabras.

Poco a poco fui comprendiendo que su pasión por el ahorro, o podría llamarse también un “vicio por las ofertas”, tenía una justificación aún más importante: ahorraba mucho para poder invertir su dinero. De repente los planes familiares eran ir al rancho de la tía, ir a la casa de campo de la tía, pasar un rato en la alberca de la tía, o cualquier cosa que involucrara una propiedad de la tía.

Ahora entiendo que ella ahorró todo lo que pudo y compró terrenos, construyó casas y el día de hoy no sólo los disfruta, sino que además los renta. No sólo viajó por el mundo para conocerlo, sino también para encontrar oportunidades.

Ella tiene casi 70 años, la he visto llorar por alguna pérdida económica, por haber tomado malas decisiones que le costaron mucho sudor y mucho trabajo. Pero son más veces que la he visto emocionada por hacer una buena compra, hacer fiesta cuando gana una subasta por internet.

Es una tía a quien no sólo quiero, sino que también admiro mucho. No se si ha llegado a un punto en su vida donde se permita olvidar un poco al dinero, pues aunque el ahorro es un hábito que practica instintivamente (y que le he copiado), alcanzo a ver que todo ese esfuerzo e inversiones inteligentes le han dado una tranquilidad que pocos tienen a su edad.

Se acerca a la recta final de su vida, me alegra mucho aprender de ella y saber que tiene todo para disfrutarla.

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