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La historia de El Fogoncito

El negocio comenzó con un puesto de tacos en el DF, eventualmente se volvió un lugar popular donde se inventaron “las gringas”. Hoy, es una franquicia con sucursales en el Estado de México, Nuevo León, Aguascalientes, Oaxaca, Veracruz, Chihuahua, Yucatán, Sonora, Tamaulipas, y en países como Costa Rica y Honduras.

El gran auge que tuvieron los tacos en México coincidió con la llegada de los mejores atletas del mundo a nuestro país, para celebrar los Juegos Olímpicos, a mediados del año de 1968 y, coincidió también con el ánimo generalizado de modernización que se sentía en todas las actividades del país. Ese clima de renovación impulsó aún más a la gastronomía popular mexicana a ofrecer innovaciones en sus platillos, entre ellos a la fundación de El Fogoncito.

La historia del restaurante va directamente ligada a la de su fundadora, la señora Martha Avalos de Rocha, quien inició el negocio a sus 28 años de edad, viuda y con el compromiso de salir adelante con sus tres hijos. Comenzó por buscar asesoría, una amiga le presentó a Conchita Cervantes (dueña de El Tizoncito), quien la desanimó por completo al decirle que era una tarea muy difícil y que nunca tendría tiempo para hacerlo. “Fue como si me hubiera clavado dos banderillas de fuego y pensé: claro que voy a poder y más que tú”, indica Martha.

La primer sucursal se ubicaba en la tradicional avenida Revolución, se trataba de un negocio familiar, donde se preparaban los, en ese entonces, no muy conocidos tacos al pastor. La gran calidad y el cuidado de los ingredientes permitió que el negocio creciera rápidamente, y dos años después se abrió la segunda taquería en la calle de Leibinitz de la Colonia Anzures, a espaldas del famoso hotel Camino Real. Este negocio era mucho más chico que el primero, no tenía mesas para servicio, y en su interior sólo cabían cuatro comensales. Sin embargo, demostró que podía competir con cualquier otro negocio de alimentos en el área.

En este pequeño local fue justo donde nacieron las famosas ” gringas”, de una manera muy original.

Aquella era la zona de estudiantes y había unas clientes norteamericanas, Sharon Smith y Jennifer Anderson, a las que les gustaba mucho los tacos al pastor, pero como no distinguían bien entre las tortillas de maíz y las de harina, pedían sus tacos en las tortillas más blancas (que se usaban para las quesadillas) y las pedían con queso. Así, la gente empezó a pedir “lo de la gringa” o “como la gringa” hasta que se bautizó como “Gringas” al nuevo platillo.

En 1974, se estableció la tercera taquería de la familia y en 1979, la cuarta. Pasando por un período de crisis nacional hasta casi vender el negocio, la siguiente generación familiar retomó el negocio y aplicó en 1987 técnicas de marketing para el desarrollo de las taquerías. Unificando la imagen de todas las sucursales, se dedicaron a crecer aún más a través del sistema de franquicias en 1991. Para 1995 ya habían otorgado 16 franquicias, tanto en la ciudad de México, como en importantes ciudades del interior de la República Mexicana.

Según su fundadora, el secreto del éxito siempre ha sido la calidad, comenta que “siempre compré lo mejor”. Además, promueven una cultura de desarrollo personal entre todos los empleados, pues a muchos se les ha ayudado para que terminen su primaria ó secundaria, con clases que se les imparten en la casa de Leibnitz.

Ahora, con una vida más tranquila, orgullosa de lo que logró, asegura:

“sí, claro, lo volvería a hacer… y volvería a vivir todo lo que pasé por mis hijos”.

 

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