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Aprendí a ahorrar comiendo manzanas

Por mucho tiempo estuve acostumbrado a comprarme de comer cada que me daba hambre. Estoy seguro que todos lo hemos hecho, sobre todo cuando pasamos horas en la oficina y no falta quien diga “voy a la tiendita, ¿les traigo algo?”.

Estos gustitos parecen inofensivos, pero ya hemos visto cómo son gastos hormiga que muerden la cartera tan fuerte como la deuda de una tarjeta de crédito. Un día me di cuenta de esto: entre la nieve, las papitas, el elote y el cafecito de vez en cuando, gastaba alrededor de $150 pesos por semana…eso es, $600.00 pesos al mes. Además, mi cuerpo comenzaba a lucir como un tambo Rotoplas y todo se debía a mis malas decisiones financieras y de alimentación.

¿Sabías que el estrés y el deseo de comer van de la mano? Estudios revelan que tenemos una hormona, llamada ghrelina que actúa a nivel cerebral sobre el estrés y el apetito. En periodos de estrés, aumenta la cantidad de esta hormona en la sangre y por lo tanto aumentan las ganas de comer, no por necesidad, sino por placer y para calmar los nervios. Además, sabemos que tener hambre es una de las 9 actitudes que te hacen gastar de más.

Decidí cambiar mis hábitos. Si estaba destinado a sentir hambre, tenía que encontrar la manera de calmarme de una manera sana y económica. Así que decidí comprar un montón de frutas, baby carrots, apios y otras verduras…las bolsas de mi mercado se veían ultra-sanas y me sentí genial. Había logrado solucionar mi problema como todo un adulto…

 Pero este adulto no contó con un pequeño detalle: aquella dieta saludable se echaba a perder en poco tiempo.

 

Además de perder alimento, perdí dinero…de nuevo…fuck. Pensé qué más podía hacer, hasta que encontré en el mercado una bolsa con un montón de manzanas, 14 para ser exactos, y comencé una dieta a base de manzanas, 2 por día. Y recordé el proverbio galés: “An apple a day keeps the doctor away”.

La dinámica era infalible: dos manzanas entre comidas, listo.

Ya no tenía que preocuparme por preparar algo. La manzana es un alimento fácil de guardar, de transportar (sobre todo si te mueves por toda la ciudad, como yo), da energía, refresca, y tiene ese efecto crunchy que calma los nervios. De hecho la manzana tiene muchas propiedades… 

La bolsa de manzanas me costaba $27 pesos, y me duraba una semana, lo cual hace una suma de $108 pesos al mes. Ya con eso, encontré un ahorro de casi $500 pesos mensuales.

Pero la dinámica de la manzana hizo más de lo esperado. Más allá de los $500 pesos de ahorro, me ayudó a adoptar una rutina y a entender otras cosas:

  1.  Aprendí que al planear las cosas y racionalizar, se pueden lograr ahorros importantes.
  2. Aprendí que no tenía que tener todas las frutas más ricas, sino simplemente las que necesitaba y podía consumir.
  3. Aprendí a disfrutar más cada manzana…sin importar la monotonía. Me volví “el dude de las manzanas”

Meses después, no mentiré, mi dieta entre comidas ya no es tan minimalista. Lo importante fue aprender a planear mis antojos, conseguir previamente algo sano y comprar en volumen para que sea más barato. Utilizo esa técnica con manzanas, plátano, nueces, arándanos secos y alguna que otra galleta de granola.

Este hábito me ayudó a ganar una consciencia diferente sobre mí mismo y aprendí algo importante: la impulsividad de mis deseos no sólo desequilibra mis finanzas, también mi salud.

En la medida que uno pueda planificar los gastos y ser consciente del impacto que éstos tienen en toda la dimensión de su persona, verá resultados buenos para su presupuesto, su salud y la vida.

Mi recomendación: encuentra una rutina de comida más saludable y más barata.

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