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30 minutos que cambiaron mi vida

Yo nací en Francia. Uno de mis primeros trabajos me llevó a vivir a Rusia. A una ciudad en la que todo el año hace mucho mucho frío. El edificio donde llegue a vivir era muy viejo, entonces, cada día al despertar tenía que esperar 30 o 40 minutos a que se calentara el agua para poder meterme a bañar.

Aunque ganaba muy buen dinero por mi trabajo, a mi el frío me afectaba mucho. Aparte de mi cuerpo, también se me enfriaba el estado de ánimo, y las ganas de salir.

¡No me gustaba para nada!

Un día decidí que yo no quería vivir en un lugar así. Quería vivir en un lugar cálido. Y decidí que para que eso pasara, debía hacer algo al respecto.

Pensé que México era una buena opción.

Entonces, todos los días, en vez de regresarme a dormir mientras se calentaba el agua de la regadera, pensé que sería mejor usar ese tiempo de una mejor manera. Decidí usar esos 30 minutos diarios para aprender español, ¡y lo hice!

Al principio, me preocupaba el cambio por miedo a no conseguir suficiente dinero en otro país. Empecé por ahorrar todo lo que podía en ese momento para prepararme también en ese sentido.

Después de un tiempo, conseguí una oportunidad para trabajar en México en una cadena de hoteles, y he ido creciendo de puesto y en sueldo también. Al final, vencer mis miedos y ponerme en acción me ha dado muy buenos resultados.

Hoy todavía trabajo aquí, y es genial porque vivo en una ciudad con una playa muy hermosa, y me casé con una mexicana muy hermosa también.

Estoy feliz.

Aunque aprendí mucho de aquel trabajo y de aquella ciudad en Rusia, el mejor tiempo que pasé allá fue el que usé para prepararme para estar en el lugar que yo realmente quería estar.

Creo que lo más valioso que tenemos además de nuestro dinero, es nuestro tiempo, y es importante invertirlos inteligentemente en las cosas que nos van a llevar a ser felices.

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