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10 pesos que me compraron una casa

Cuando era niño, no podía esperar a que llegara el fin de la semana. Recién despertábamos, mis hermanas y yo nos peleábamos para ir con mi papá a pedirle el famoso “domingo”. En ese entonces, él nos daba lo equivalente a 10 pesos de hoy (o una cantidad parecida), y junto con mi mamá, nos incentivaba a ahorrar este dinero para que en un par de semanas pudiéramos comprar algo mejor que sólo dulces.

…nos incentivaban a ahorrar este dinero para que en un par de semanas pudiéramos comprar algo mejor que sólo dulces.

Un día, mi papá decidió institucionalizar el “domingo” y empezó a darnos cierta cantidad según nuestras edades. Así, si yo tenía 10 años, él me daba $100.00 pesos y si mi hermana mayor tenía 13, a ella le tocaban $130.00. Esto funcionó muy bien porque las necesidades de cada uno aumentaba con la edad.

Mis hermanas y yo siempre tuvimos personalidades muy diferentes en cuanto al ahorro: mi hermana mayor ahorraba todo, tanto que nunca compró ni una paleta; la menor gastaba todo y disfrutaba al máximo su cuota semanal y yo, por otro lado, destinaba una parte al ahorro y gastaba una pequeña parte para mí.

Pasando un par de años, mi papá nos ayudó a abrir una cuenta donde invertimos nuestros ahorros y el nuevo incentivo era que él doblaría la cantidad que cada uno depositara en su cuenta. Esto sonaba muy atractivo, pero al igual que antes, tenía la opción de gastar mi dinero y comprar algo de ropa, algún electrónico o una novedad. Mis papás siempre pusieron mucho énfasis en que yo como hombre debía tener un ahorro para cuando me casara, ya que según las tradiciones en México, yo sería quien mantendría mi familia. Así que eso hice. Lo ahorré todo y me olvidé de él.

Al pasar los años, mi ahorro había llegado a una cantidad considerable, pero seguía sin tener un destino en particular para gastarlo. Tenía 25 años cuando mi madre, quien tiene muy buen sentido para las inversiones de bienes raíces, me platicó que había conocido a una persona que había comprado muchos bienes inmuebles durante su vida y hoy, siendo ya un adulto, vivía de sus rentas.

Instantáneamente pensé que esto podría ser una buena idea si quería empezar a pensar en mi futuro. Al investigar un poco sobre los bienes raíces, me topé con que “las preventas” son promesas de compra-venta de casas o de bienes inmuebles que aún no están construidos, pero que dan un buen descuento por esperar a que se realice la construcción. Así que como yo no tenía prisa, tomé una de estas famosas preventas y decidí invertir como enganche el dinero ahorrado y esperé a que terminara la construcción. Después de esperar año y medio, finalmente terminaron la casa y, como vivía con mis papás, la renté para pagar el resto de las mensualidades. Un tiempo después me topé con que la plusvalía de esa casa había subido considerablemente y antes de acabar de pagar el préstamo, la vendí con una utilidad importante.

A la fecha he invertido en más de cuatro propiedades y obtenido buenas ganancias por ello, pero mi entrada a los negocios del bien raíz comenzó con un pequeño esfuerzo de guardar mis $10 pesos de los domingos.

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